El Búfalo anécdota

 EL BÚFALO

Mi estimado amigo Luis de La Palomería.
En esta ocasión te voy a narrar una anécdota, que aunque carente de toda importancia, solamente por lo curiosa te la voy a relatar.
Era por allá, por los años ochenta y tantos y yo era el feliz propietario de un palomo que para mi humilde entender, era algo verdaderamente excepcional. Es muy cierto que todos los palomeros nos creemos que nuestras aves son las mejores, porque la pasión por nuestra afición nos enceguece y allí está la maravilla de la misma, pero mi palomo era algo completamente único y ya no solamente por mi propio mirar, sino por la opinión de cientos de palomeros que desfilaban por mi casa por aquellos tiempos y que además de coincidir completamente conmigo, me ofrecían sumas astronómicas por quien fue en su momento la joya de la corona, pero aquel palomo, amigo mío, no tenía precio, se llamaba «El, Búfalo» y con este nombre se hizo famoso por toda mi querida patria y mucho más allá también. Aunque en la actualidad los palomos «buchi altos», descendientes quizás de los primeros gaditanos que llegaron a Cuba, ya no tienen la fiebre que tuvieron en su momento y que hoy día incluso, tienen grandes detractores, entes carentes de capacidad genética para permanecer en silencio ante lo superior, si es cierto que por aquellos tiempos las cosas eran definitivamente diferentes. Aunque mi palomo como buchón criollo cubano, podía hacer más o menos lo mismo que cualquiera de sus congéneres, su encanto radicaba en su belleza morfológica y resumiendo, mi palomo tenía un buche alto excepcional que podía competir con los gaditanos actuales, aunque a diferencia de estos, su cabeza, su pico, su porte, su figura y su estampa eran tan bellos y perfectos que ridiculizarían a los gaditanos actuales, por no decir que a otras razas reconocidas y como buchón criollo cubano al fin, descendía de las mejores y más puras razas españolas con la que se nutrió y formo nuestro gran palomo galán y que sin ser aceptado aun como raza ni tener un estándar reconocido, si es altamente cotizado en todo el mundo, dentro del bello universo de la seducción, conservación y captura de nuestras bellas aves.

 

Pero no voy a hablarte más de mi palomo, porque no tendría para cuando acabar y si narrarte algo que careciendo, repito, de toda importancia real, si resulta una anécdota interesante e imperecedera. Cierto día aciago, un grupo de facinerosos me robaron las palomas, dentro de ellas al Búfalo, lo cual, además de causarme profunda pena, desato una búsqueda frenética implacable, hasta que los recupere a casi todos meses después y aquella cuerda de indeseables fueron arrestados y fue a partir de entonces y luego de aquella amarga experiencia, que mi palomo dormía en su buchera al lado de mi cama, en mi propio dormitorio, donde disfrutaba además, de todas mis bondades. En ocasiones para que revoloteara un poco yo lo soltaba dentro del cuarto, porque no quería correr el riesgo de volarlo y perderlo y allí con puertas y ventanas cerradas el monarca volaba de un sitio a otro, pero cierto día… Joder. Me recuerdo que fue… hace un montón de años…, ya me había graduado de Doctor en Medicina, motivo por el cual los palomeros de Cuba, de aquellos tiempos, me nombraban «Pedro el Doctor» y tratando de encuadrar, mi título académico y lleno de profundo orgullo profesional busque un marco antiguo para lucir el testimonio de tantos años de estudio y de sacrificios, pero como venía enrollado, lo desenrolle y le coloque algunos objetos pesados encima para estirarlo… pero en ese dichoso momento salió a volar el Búfalo, porque se me había quedado la puerta de la buchera abierta y mientras yo corría a cerrar las puertas y ventanas, el Búfalo se posó en la cómoda exactamente encima de mi flamante título y como si fuera poca su afrenta, le dejo caer encima el producto final de su abundante digestión. Una vez encerrado de nuevo el palomo, trate de retirar el excremento a mi ofendido título, pero aunque limpie las heces inmediatamente, parece que por la acción de los ácidos de la misma, se le hizo una mancha, que a pesar de todos los esfuerzos que hice para borrarla, la conserva nítida, mi añejo título, hasta el día de hoy… Pues como te decía, mi querido amigo Luis, mi título está firmado por el Rector del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, el Secretario General y el Decano de la Facultad de Medicina… y por el Búfalo, el palomo más perfecto y completo que he visto en todos los días de mi vida… Con todo mi afecto, SALUDOS A LA COLOMBICULTURA.
Pedro González.

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